mi vigilia enternecida
jueves tres de marzo dos mil dieciséis
retomo este pequeño contacto, conmigo mismo, con mi futuro. me cuesta muchísimo el solidificar tantos días, tanto si nada ocurre como si, realmente, algo crucial lo que atraviesa las horas. ocurrió un festival, muchas personas y tantas ganas, que han ido creciendo pero que encuentran topes. lo que quiero es estar contigo.
lunes veintidós de febrero de dos mil dieciséis
retomo el contacto, consigo esta vez instalarme. vuelvo a mirar, y donde no estoy, falta destacar.
viernes diecinueve de febrero dos mil dieciséis
en un siguiente nivel de obsesión y futuro, ahora se envuelve, se encierra y gira en la propia tela estirada. busca adentrarse, adquirir los nutrientes necesarios para que la opinión se engorde, se dilate y estalle efervescente en el rostro de cada conversación.
jueves dieciocho de febrero de dos mil dieciséis
me vi en otro mundo, esta vez paralelo, algo así como, si no consigues esto, tal vez, con esfuerzo, pero esta vez solo, y pudiendo confiar nada más que en ti mismo, puedas hacer esto, dedicarte a este pequeño mundo, aunque no sea lo que directamente quieras. pero redirige, siempre.
lunes quince de febrero de dos mil dieciséis
traté de no pensar en ello todo el día, en ese día de lejos, de distancias cercanas en carreteras de las afueras, siempre acompañados por ajenos. conseguí buscarme otra distracción, nunca mejor, siempre atento a los despistes y las ganas en cuclillas, pero al fin y al cabo transitorias.
domingo catorce de febrero dos mil dieciséis
en estos días tranquilos me despierta el sol, bajo por el desayuno, paseo en bici. hay una tranquilidad en la espera de una rutina. es una tranquilidad, por otro lado, inquietante, en la que uno se ve de alguna manera inmerso en una red de la que se teme no poder volver a escapar hasta que llegue el verano, nos devuelva al otro lado del mar, nos sacuda todos estos pensamientos. en cierta manera queremos que llegue de nuevo esa pequeña sensación de seguridad, asemejamos el hogar y asimilamos nuestro lugar, pero no es del todo así. no hay profetas a la vuelta.
miércoles diez de febrero dos mil dieciséis
volví a ver carmen, y la escopeta nacional. y sentí tanto profundo respeto, tal amor por las calvicies del país, por las partidas de cartas y los tacones, por la sociedad descuajeringada.
delicadeza y finura, asco, esperpento, las dos bellezas que al final rigen toda esta luz, este ambiente enrarecido ya por el humo del gran motor del siglo ibérico.
vuelvo a cerrarme.
delicadeza y finura, asco, esperpento, las dos bellezas que al final rigen toda esta luz, este ambiente enrarecido ya por el humo del gran motor del siglo ibérico.
vuelvo a cerrarme.
martes nueve de febrero dos mil dieciséís
cada vez más ideas, cada vez más rápidas y en tantas direcciones, diferentes, complementarias, siempre a la imagen, al ojo, explorando con coherencia. se me ocurrió mi vida, un proceso de ideas, de pensamiento, una línea como la de josé, viva, entera, asentada y pastueña, toda ella embistiendo al frente, y acompañando.
lunes ocho de febrero dos mil dieciséis
no poder parar, de momento, así en esta situación sin prisa ninguna, aún estando en el principio, calmado, sin mucha obligación, pues no poder parar, no parece ningún agobio. unas chispas vienen y con las mismas, sonriendo, pasan de largo. algunas consiguen prender en horizontal, no hay más que extensa superficie por cubrir, pero no tienen ramas por las que subir, jamás trepan las llamas veloces , irguiéndose esbeltas en un escenario natural. hoy sin embargo, se engalanaron, subieron despacio encendiéndolo todo, y en alguna pequeña región prendió la idea de encapsular los cohetes.
domingo siete de febrero dos mil quince
pero qué más contar, si ya lo he expresado todo, qué sentido tiene este diario, que en su origen trataba de forzar la expresión, y ahora, que parece que sale sola, que mucho le debo por tanto, escribo asqueado, como todo lo que surge de la obligación, entre comillas. pero, por no hacer el feo, por ver el resultado final, como con muchas otras cosas, continúo. vi mucho cine hoy.
jueves cuatro de febrero de dos mil dieciséis
en busca de la infinita y definitiva, la inspiración que lo encauce todo, que consiga alimentar, no tener que ir más al súper, estar así todo el día, faltando.
miércoles tres de febrero de dos mil dieciséis
de lleno, llegan tantos colores, tantas ideas, proyectos. de un golpe, con una escena, vislumbras el pasillo por el que quieres caminar, la muerte al fondo allá,con tantas puertas ordenadas en un recorrido de caras serias, ensayos, bailes. se organizan los disparos, se apunta oportunamente, falta aún disparar
lunes uno de febrero dos mil dieciséis
espero, a pesar de todo sigo esperando. ya, con algo menos de empatía. sólo pienso en mí, a que suceda, a que ocurra algo, a que explote yo. quiero trabajar.
domingo treinta y uno de enero de dos mil dieciséis
días después, saltándonos en el registro toda esta fiebre, hambre, malestar, pero sobre todo frío, más frío que nunca, algo de miedo, y sin hogar, y aunque hubo veces que las películas nos valían, la compañía traía calor, o cuando agarraba esta misma manta, pero es ahora, cuando estoy curado, a pesar de esta garganta y de esta cabeza, son sólo los pies lo que sigue frío.
ahora, en esta nueva casa que aún no tomo como mi casa, que parece un hostal temporal de cortinas de chicago, mucha luz por las mañanas, y más flores en el patio, y ya estando curado, a punto de empezar el curso, mientras suena majestad, en tal disposición de la cama pienso hacerme un hogar en el cuarto, tal que surjan raíces, crezcan, obtengan granito a granito la luz necesaria, y vayamos subiendo lentamente.
ahora, en esta nueva casa que aún no tomo como mi casa, que parece un hostal temporal de cortinas de chicago, mucha luz por las mañanas, y más flores en el patio, y ya estando curado, a punto de empezar el curso, mientras suena majestad, en tal disposición de la cama pienso hacerme un hogar en el cuarto, tal que surjan raíces, crezcan, obtengan granito a granito la luz necesaria, y vayamos subiendo lentamente.
martes veintiséis de enero de dos mil quince
abandonado, enclenque, griposo, animal, pero sobre todo, impaciente. merecedor, sin embargo, de tan amplio recibimiento en las ciudades, a un lado de acá, el monstruo peludo inmenso, en el de allá, el reptil de fauces eternas. leo y releo, el fellini, la plaza, las carnes de la estatua, pompeya, el súper. ya llegó, y reflexiono, porque es lo que hago. aunque hayan sucedido otras cosas en el día -entrevista, piso, revenant-, es la carta.
sábado nueve de enero de dos mil quince
estar para siempre, ese verso de canción que tanto sonó hace mucho tiempo, y que hoy, de vuelta, al fin vuelve a sonar. hace muchísimo tiempo, muchísimo de espacio, muchísimo de todo, que no sé bien de ti. espero la carta, pacientemente.
viernes ocho de enero de dos mil quince
ahora queda decidir cuándo terminar todo esto, como el pensamiento, como el mensaje, la profesión, las ganas, abrir la puerta. parece que no hay nada más que mucho aire cargado, esta vez de colores, algunos huelen, y todo eso de abrir ventanas y puertas es terminar de hinchar el globo, dejarlo ir, definirle una forma.
miércoles seis de enero de dos mil quince
es ahora, al sentarme a escribir esto, al llegar a casa, detenerme, terminar de hablar de la película, ahora que suena la música, ahora que estoy más solo y que esta luz me ayuda como puede, es ahora sólo, cuando miro la fecha, seis de enero, día de reyes. es ahora, es hoy, cuando realmente hemos echado de menos, ese evento tan familiar, tan íntimo, tan de cada casa, que ni siquiera hemos intentado emular aquí, tan lejos, y tan sólo ha llegado el roscón, pero sin la ilusión del levantarse, descalzo, avanzo.
lo del echar de menos, viene también gestándose unos días, tratando de agarrar el otoño, aprehenderlo, que viene del registro, lento, pausado, esmerado, de los recuerdos, tanto así los lejanos como los tangibles, del momento aquí, de las horas en el parque, con un helado, contigo, y que después de esta película, love, amor, tres dé, culmina, se me echa encima, y duele del todo, pero es un dolor compartido, íntimo, que sólo yo entiendo como lo entiendo yo. en verano escribía siempre, me hablaste, y hoy lo escribo también.
lo del echar de menos, viene también gestándose unos días, tratando de agarrar el otoño, aprehenderlo, que viene del registro, lento, pausado, esmerado, de los recuerdos, tanto así los lejanos como los tangibles, del momento aquí, de las horas en el parque, con un helado, contigo, y que después de esta película, love, amor, tres dé, culmina, se me echa encima, y duele del todo, pero es un dolor compartido, íntimo, que sólo yo entiendo como lo entiendo yo. en verano escribía siempre, me hablaste, y hoy lo escribo también.
martes cinco de enero de dos mil dieciséis
estoy redactando una actualización de mi estado para hele, de cómo se siento aquí, de qué es lo que veo, de qué es lo que sin embargo veo. hay que ver lo que sirve escribir, estar con uno mismo, sentarse a expresarse, a explicarlo todo como uno buenamente pueda.
además, esta tarde casi terminé de montar el que he llamado muchísimo otoño. me explico, sí.
además, esta tarde casi terminé de montar el que he llamado muchísimo otoño. me explico, sí.
domingo, tres de enero de dos mil quince
mientras tú apareces toda mona, pintada, bien vestida, por calles realmente cuidadas, con esos colores -aunque aún roma conserve algo de esa brutalidad medieval-, con ese pelo suelto; mientras, yo aparezco cubierto de arena, revuelto entero, con la mirada perdida en las piedras, en un fondo salvaje y un trasfondo de ya agotado. responde todo esto a un contexto.
mañana volvemos a las pirámides.
viernes, uno de enero de dos mil dieciséis
me obsesiono cada vez con la sensación de encontrar el tono. busco cada arpegio, en secuencias lógicas de orden, de soltar la rigidez, de quitarle el miedo al desorden; y no me encuentro.
escarbo en ese desvivir, cada día, tratando de replantear el diminuto caos como eje por el que dirigir los pasos; y no me encuentro.
poco a poco ya, comienzo a renunciar, dejarlo todo como está, cómo qué y por qué en un mismo sintagma organizador. regojo los pedazos de la fiesta de anoche que hay por el suelo, miro y recuerdo y me encuentro. al menos me recuerdo.
escarbo en ese desvivir, cada día, tratando de replantear el diminuto caos como eje por el que dirigir los pasos; y no me encuentro.
poco a poco ya, comienzo a renunciar, dejarlo todo como está, cómo qué y por qué en un mismo sintagma organizador. regojo los pedazos de la fiesta de anoche que hay por el suelo, miro y recuerdo y me encuentro. al menos me recuerdo.
martes veintidós de diciembre, dos mil quince
es hoy el solsticio de invierno. es hoy cuando viene violeta. es hoy cuando volvimos a df, después de una semana de deambular por desiertos, junglas, ciudades, autobuses, uno mismo.
es hoy cuando se cierra el otoño, y con él, esta parte del diario, este pequeño trozo de pensamiento, encerrado en forma complicada pero libre. no es hoy, sin embargo, un día diferente a los demás, pero viene violeta, por fin.
es hoy cuando se cierra el otoño, y con él, esta parte del diario, este pequeño trozo de pensamiento, encerrado en forma complicada pero libre. no es hoy, sin embargo, un día diferente a los demás, pero viene violeta, por fin.
sábado diecinueve de diciembre dos mil quince
de nuevo con tus ideas de limbo, esos espacios intermedios que acabo de relacionar con mis cambios de plano, si tú me dices dónde estás -en madrid pero en roma-, yo genero tu contexto. la jungla huele como nunca había olido, a vida, a luz, aunque sea de noche y sólo se oigan grillos y algunos pájaros nocturnos, asaltantes del camino.
viernes dieciocho de diciembre de dos mil quince
seguimos viajando, esta vez ya en san luis potosí. dormimos durante horas, mientras nos morimos, nuestros cuerpos necesitaban descanso, y soñamos, quisiera tener tan presente como veo mi consciencia, recordar cada acontecimiento, sentir de nuevo el calor, y el agua, la piscina en con todos los conocidos, el vídeo de cuando era pequeño, sentarme a su lado en el autobús.
volví a verte. volví a pensar en cómo ha crecido tu rostro, cómo se han marcado tus rasgos, queriéndote más. cuéntame cómo, qué, es lo que sientes por las noches, en esa ciudad que no pertenece a, al menos, ningún tiempo.
volví a verte. volví a pensar en cómo ha crecido tu rostro, cómo se han marcado tus rasgos, queriéndote más. cuéntame cómo, qué, es lo que sientes por las noches, en esa ciudad que no pertenece a, al menos, ningún tiempo.
martes quince de diciembre de dos mil quince
anoche, deprisa, agarramos el camión para llegar a matehuala, desde donde pensábamos llegar así a real de catorce, para acercarnos poco a poco al desierto. volvemos a ser tres, era algo que casi había olvidado, y aunque aún el desierto no deja de serlo, lentamente se van acercando las orillas. en mi mente cada vez sólo veo más y más imágenes, que en ese preciso instante en el que aparecen me hacen pensar y hacer decidir que es a eso a lo que quiero dedicarme: a captar la realidad tal cual es, a estudiar el cambio de plano, a deformar la realidad porque es así como la vemos, de tantos colores; a aprender del cine como una forma de enfrentarse a esta vida, tan llena de maneras y venturas.
domingo trece de diciembre dos mil quince
y resulta que sí, que como siempre andas diciendo, es en el día y en las acciones cotidianas donde está la trama.
y como vida no hay otra, es la propia la que hay que editar, reeditar, alargar al final. en imágenes propias, en análisis conocido.
y si hay conflicto, hay ficción. de eso nos sobra.
y como vida no hay otra, es la propia la que hay que editar, reeditar, alargar al final. en imágenes propias, en análisis conocido.
y si hay conflicto, hay ficción. de eso nos sobra.
sábado doce de diciembre dos mil quince
en estados mentales de efusividad e ilusión, cada vez nos encontramos menos, cada vez desde más lejos, pero sin miedo, distantes, bailándole a un sonido que viene de abajo, desde lo alto. pero con miedo, buscando siempre, sin saciarse de aquello, con un desdén por lo viejo que también viene de abajo, más abajo, viene de los pies.
jueves diez de diciembre
tengo acá al fiera, a mi lado, dormido en el sofá. yo apuntaba una de esas ideas que, de tan buenas, las apunto por si acaso, por miedo a olvidarlo y querer rescatarlo algún día. pero temo también por otro lado, simplemente acumular ideas ahí, y nunca más usarlas. toca realizarlas. puntiagudo.
él, sí, duerme.
él, sí, duerme.
martes nueve diciembre
la compañía ajena vuelve a hacerte retomar la confianza, esa especie de fe que uno tiene en esa pequeña idea, de ver colores, como estas trompetas.
el hecho de volver caminando.
ahora me salen así,
pequeños.
más cómodos.
el hecho de volver caminando.
ahora me salen así,
pequeños.
más cómodos.
cinco de diciembre de dos mil quince
creo que tengo que calmarme, soy un hombre tranquilo, veo las cosas de forma tranquila, no tengo nunca prisa. en el cine expreso lo contrario, tengo que calmar los símbolos, calmar el tiempo.
viernes veintisiete
una vez que volví a esta casa me acordé del sonido de las campanas cada media hora. parece que siempre me vienen una vez estoy ya en un sitio diferente, como si allí sólo pudiera vivirlo para otro momento. ese salón, donde pasábamos las tardes y las noches en vela, no nos permitía centrarnos lo suficiente como para darnos cuenta de ese puntual sonido. como el de la gaviota, el puerto de la antigua casa, llegando siempre en hora pero sin contexto. ya están otra vez tocando a muerto, ya son y media de nuevo. pero las más de las veces era esta música que no nos dejaba escucharlas, y perdíamos, sin saberlo, las referencias, y nos amanecía encima esa luz homogénea que dejan como rastro las farolas, el alumbrado público, heterogéneo, y de tantos colores que tiene esta ciudad.
de ahí me vino la sensación, ahora lo comprendo, al tratar de expresar ese sonido, el de la campana cada media hora, como el de la gaviota cada hora y siempre a y veinte, la gaviota en el puerto, el puerto en la playa. es así como mi cabeza parece discurrir, y fue así como llegué a la sensación playera. era un contexto, era ese suelo y eran esas paredes, blancas, vacías, pero a la vez llenas de cuadros. el arte así te mira triste, apagado, al tiempo que se llena de arena de playa el piso alquilado frente a la playa. tiene algo de sucio, de estafa cutre por la que tenemos que pasar para poder disfrutar de aquél mar inmenso frente a la diminuta sala de estar.
esa campana, por fin, fue lo que me trajo a la playa, a ese salón de parqué de madera y duchas frías, a esa sensación cuando de niño ibas con tus dos padres. a no ver nada aún, a captar la realidad así, con sonidos, igual que ahora, pero sin tanto repiqueteo.
de ahí me vino la sensación, ahora lo comprendo, al tratar de expresar ese sonido, el de la campana cada media hora, como el de la gaviota cada hora y siempre a y veinte, la gaviota en el puerto, el puerto en la playa. es así como mi cabeza parece discurrir, y fue así como llegué a la sensación playera. era un contexto, era ese suelo y eran esas paredes, blancas, vacías, pero a la vez llenas de cuadros. el arte así te mira triste, apagado, al tiempo que se llena de arena de playa el piso alquilado frente a la playa. tiene algo de sucio, de estafa cutre por la que tenemos que pasar para poder disfrutar de aquél mar inmenso frente a la diminuta sala de estar.
esa campana, por fin, fue lo que me trajo a la playa, a ese salón de parqué de madera y duchas frías, a esa sensación cuando de niño ibas con tus dos padres. a no ver nada aún, a captar la realidad así, con sonidos, igual que ahora, pero sin tanto repiqueteo.
veinticinco de noviembre dos mil quince
al volver a ver toda su trayectoria, al menos ahora tenía una trayectoria, recordaba sus procesos, la llegada de tal manera, porque estaba imbuido, era él, siempre él, el gran poeta, el que se mueve entre las sombras, el que dirige la función, el que baila, baila sin parar, pero nunca acaba, nunca abre la boca, sólo se expresa bailando, imaginándose escenas, y ciudades, y fuego, y elementos.
a eso me recuerda, ese intento al menos, que queremos contar.
a eso me recuerda, ese intento al menos, que queremos contar.
una y siete de la noche · sábado · veintiuno de noviembre · dos mil quince
tratar de dominar, guiar, mis símbolos, hacia dónde van, y qué símbolos salen de ellos. veamos, dentro, fuera, sofá, fuego. qué quiero, qué hay, qué representa la coma, habrá que hacerlo y ya, no crees, y preguntamos siempre, y estamos cuestionándonos siempre, no sea que algún día nos vayamos a despistar y nos creamos ídolos icónicos imágenes y lancemos un saco. hoy, sin embargo, no es el día. voy a explicarme, esta vez. una especie de enfermedad me pasa por encima, se dirige a la comodidad, un pequeño obstáculo que querría evitar, que no me deja ver un poquito más allá de esta nariz. ello represento yo, que me busco millones de pequeñas distracciones que me evaden de hacer lo que realmente quiero hacer, el guión, o esto, o ver más películas. estoy siendo demasiado claro, no me entiendo así. vaya explosión ese café.
jueves diecinueve de noviembre
enfermé, no cuidé al cuerpo, y encima, este frío, hace días que ya no espero aunque de cuando en cuando el timbre del aparato me hace pensarlo. qué habrá pasado, bajaron mis defensas, tan sensible siempre. no tendré tiempo para nadie, y aún así mi cabeza no me deja parar el pensamiento, llegarás lejos, llegarás lejos. el miedo al fracaso me hace perezoso, y sin embargo esta enfermedad.
martes diecisiete
llevo, ya veis, unos días a trompicones. parece que algo me ha trastabillado, no consigo volver a reencontrar el paso. y sin embargo no es así, sólo parece, me esfuerzo por no mirar por dónde es el camino, seguir andando al lado, centrarme de vez en cuando, acabar el curso como ocurre siempre. pero miro siempre dónde quiero llegar. como centrar tu atención para no volverte loco atendiendo.
ya vuelvo, en una semana, salgo ya del mundo, vuelvo en mí.
ya vuelvo, en una semana, salgo ya del mundo, vuelvo en mí.
sábado · catorce de noviembre · dos mil quince
anoche vi brüno, y se me ocurrió definitivamente lo del falso documental, ya, después de darle tantas vueltas, no sé qué forma debe tener. además, con mis medios, tampoco sé qué forma puede tener.
brüno hace que un personaje tenga encontronazos con gente real, practicando la cámara oculta, y la entrevista. crea un personaje y lo coloca en situaciones a las que pertenece, exagerándolas, y donde no pertenece para nada. el papel se mantiene siempre. y yo.
brüno hace que un personaje tenga encontronazos con gente real, practicando la cámara oculta, y la entrevista. crea un personaje y lo coloca en situaciones a las que pertenece, exagerándolas, y donde no pertenece para nada. el papel se mantiene siempre. y yo.
jueves doce
qué bien, esto de sentarse a pensar. y que vengan sentimientos, y que caigan flores. pero no pienso sentirme solo, siempre estar con los demás, aquello del cerrarse hacia dentro.
miércoles once
consiste en un proceso, rápido y pausado, de algunas etapas llanas, pero que aún así sigue siendo un proceso en el que participamos todos solos.
lunes nueve de noviembre dos mil quince
cada vez que suena un pitido, no son tus oídos, no es el izquierdo ni el derecho. necesitas levantarte por la mañana, llevar una vida normal, aunque pese, aunque sientas esto que sientes, hay veces que es una espera, un camino con final, y cuando éste llega, también el miedo a no superar las ganas. no quiero dejar que las expectativas sean mayores.
domingo ocho
volví a trabajar sin parar. me debatía entre lo que más me gusta, vídeo, y lo que más odio, arquitectura. no es que odie la arquitectura. o sí. dos trabajos, sin punto medio alguno. sinceramente, lo que quiero ahora mismo es dejar de escribir esto y dormir de una vez.
viernes seis
ensoñamos, rompemos todas las normas, como bien debiera de ser, para la gente práctiva y buena que somos nosotros. hoy ni puedo, salir, de dentro.
soy recurrente en el dentro, ¿me sentiré fuera?
soy recurrente en el dentro, ¿me sentiré fuera?
una y cuarenta y cuatro de la noche · miércoles sofá · cuatro de noviembre · dos mil quince
os hablo, efectivamente, desde este sofá. llevo todo el día en él, sin moverme físicamente. en su lugar, he sustituido cada movimiento, efímero o no, por cultura, esta vez incluso propia. generaba y generaba y le daba vueltas. la luz aquí es homogénea, continua, evidente, no sé qué hora es ya, ni si me levanté con el sol, ni si esos grillos que suenan son campanas como cada mañana. reproduzco cada vídeo intermitentemente, me traslado por las redes a las imágenes en movimiento, que no me mueven pero que llevan, transportan, ideas, unas con otras, que juntas, cortadas, editadas con cariño y afecto, provocan entendimiento. consigo servicios que recomiendan alimentarme, abandonar la mente y atender al cuerpo, al físico movimiento de las escenas, soltar ya ese maldito aparato, agarrar el metro, ver mundo y fregar estos platos ya de una vez, pero no, es el momento de soltar aquello, conseguir encerrarse, agarrar un final, y que esta vez no termine.
tres de noviembre dos mil quince
más flujos de trabajo de manera obvia, un lenguaje que evoluciona y se desarrolla por medio de la comunicación y la mirada atrás, en perpetuo homenaje. poco a poco en carne propia, se aplica, y decido no mirar lo que me dicen si no lo que oigo para comer después. me hablaste.
lunes dos de noviembre dos mil quince
hoy aprendiste métodos de trabajo y creatividad, planificar una idea hasta el final, que al fondo está. vaya un contexto.
doce cincuenta y cuatro · sábado de vuelta · treinta y uno de octubre · dos mil quince
después del silencio, volvía de viaje, volvía de morelia. pero, como ya habíamos advertido, no había llegado, si no que estaba de paso, o al menos así es como decía que se sentía, después de tantos minutos sentado, mirando, aprendiendo de una pantalla, del pensamiento eterno y curioso de otras personas él agarraba cuanto le agradaba y lo adecuaba a su vivir. el mientras tanto casi le daba igual, planeaba el registro obsesivo de cuanto aconteciera, pero esta vez ya con un sentido práctico de su utilización. cada vez más y más seguro se enfrentaba al fin a esas películas como quien sabe que se está encarando con un compañero de pupitre, pero de una manera cariñosa y amena. las ganas apenas le dejaban escribir en paz, y se había de obligar a ordenar sus ideas, obligarse también a comer, dormir, no dejar de lado las necesidades básicas, los amigos, las personas. cada quien hace lo que puede.
lunes veintiséis de octubre dos mil quince
de pronto te gusta mi caballo. recorre la autopista, en una aparición repentina, de improviso; pero a él lo comprendemos, no pintaba nada ahí, nadie lo esperaba. ojalá.
sábado veinticuatro de octubre dos mil quince
como esa escena que, lejos de tener que ver con violencia, presenciaste navajazos, toda una referencia.
viernes veintitrés octubre dos mil quince
en cada poro de mi piel sentía la espera. era una espera de cabeza intelectual, y no de cuerpo, pero en eso se traducía. lo notaba.
diecisiete dieciocho · jueves al fin · veintidós de octubre · dos mil quince
trato de enfrentarme al hecho de que no me respondas, lo hago con calma, con una confianza y seguridad pesadas que van avanzando lentamente por el tiempo, se escurren poco a poco los momentos en que miro si estás ya aquí o si habría mas cosas que hacer allá tan lejos.
me siento junto a la puerta, en el suelo, junto a la ventana no llega el internet, y lo que necesito ahora mismo es escuchar a silvio, observar su rostro, desactualizado, con una voz que no pertenece a esa cara, a esos movimientos o a ese bigote de mariposas. de cuando en cuando reviso tu presencia.
en unas horas marcho de viaje, a despreocuparse uno, a grabar y a bailar. guadalajara en un llano.
me siento junto a la puerta, en el suelo, junto a la ventana no llega el internet, y lo que necesito ahora mismo es escuchar a silvio, observar su rostro, desactualizado, con una voz que no pertenece a esa cara, a esos movimientos o a ese bigote de mariposas. de cuando en cuando reviso tu presencia.
en unas horas marcho de viaje, a despreocuparse uno, a grabar y a bailar. guadalajara en un llano.
dos y trece de la mañana · miércoles · veintiuno de octubre · dos mil quince
hoy sonaron muchísimo las trompetas, no se a qué esta prisa por esperar, a que no vendrás más nunca. suenan demasiado, hasta doler, pero a la vez es jolgorio, por las calles, que se burla de la muerte, que poco más y le duele, cada uno a su curiosidad, cuidarla, cultivarla, sembrarla de dicas y fortunas, que son humo, ceniza y rastro en el abrigo, el fumar qué pequeño dolor, surte el placer, delata la fama. siglos atrás, cada segundo es un cielo, eternizante, mareo en un barco que parte de la costa para llegar al fondo, abajo, que es donde finalmente podemos descrubrir, en forma de pez, quizá anfibio, por eso de que cada uno mide su curiosidad, no sin fe, no sin dolor, pero siempre al tesoro.
doce y veinticuatro de la noche · lunes · diecinueve de octubre · dos mil quince
lentamente la habitación se va vistiendo, y no es que llegue el frío, es que busca la calidez, el ser humano pequeñito que habita en ella necesita esa especie de sensación de hogar. para empezar, los objetos a una altura razonable, la luz no tan blanca, con superficies sobre la que rebotar. pero todo esto viene de antes, de cuando colgué tu mapa, aunque ayer se volcara, y después esa portada de tesis y asa nisi masa. es todo por encontrar un hogar en esta ruina, aquí allí, siempre. ojalá pudieras verlo.
veintitrés cuarenta y nueve · domingo producto · dieciocho de octubre · dos mil quince
dejo la ventana abierta, para que salga, para que entre. hubo un fuego que generó humo. se suceden, pero no se quedan en el papel. se registran ya hechas, es igual todo, un registro previo, más elaborado, sencillamente. qué fácil es, y qué mal me explico.
te escribí, descansé, dejo la ventana abierta.
siete treinta y cuatro de la mañana · sábado electrónico · diecisiete de octubre · dos mil quince
hoy se volcó tu mapa
el que tenía en la pared
y decidí escribirte.
diez cincuenta y ocho de la noche· martes del revés · trece de octubre · dos mil quince
es entonces cuando el hilo cesa de circular, nos detenemos en un pequeño nudo, y, al contrario de lo que sería lo lógico en la imagen generada por mi comparación, no nos desvivimos por contemplar el nudo, abstraernos y escudriñarlo. ni siquiera miramos hacia otro lado, desinteresados ya por la madeja. aún no escudriñamos hacia el interior, aunque lo ansiemos, surgir sueños, el cerebro se siente pulpo y alcanza con su brazo volátil cada detalle de una vida. pero no nos damos cuenta, porque el nudo, ni nos deja avanzar, ni nos deja mirar nada de forma atenta. todo lo que quiero es dormir.
pero tampoco es eso, busco crear, no imaginarlo.
pero tampoco es eso, busco crear, no imaginarlo.
tres dieciocho de la mañana · domingo · once de octubre · dos mil quince
volví caminando a casa, y pensé en el silencio de una ciudad así. intentaba atraparme, mientras yo me libraba de él, zapateando con fuerza. pensé y pensaba en su silencio, en sus luces tenues e inmensas zonas de profunda obscuridad, con una lucha contra ella que el ser humano nunca conseguirá ganar del todo. no conseguimos obviar que no se ve nada si no encendemos la luz y la organizamos como buenamente podamos. esto ha quedado bastante pobre.
cuatro cincuenta y nueve de la mañana · sábado movido · diez de octubre · dos mil quince
todo comienza con el desprenderse de la silueta de los árboles. se van fundiendo, se van, muy poco a poco, y en el suelo se recorta la figura. hace una estupenda mañana, y el sol se desborda por cada hoja, derrama todo su poder sobre el tronco, va recorriendo la corteza, las raíces, la fachada de enfrente. y el calor, ese agradecimiento que todos sentimos, por que todo siga yendo bien. todo comienza con el despojarse de la luz, interceptarla, y decidir recibirla.
todo esto, esta imagen, de un árbol bajo el sol, y una persona bajo el árbol observando la escena completa, le vino a aquél chico de la esquina, apoyado en la fachada de enfrente, decidiendo esperar, observando mientras tanto. lejos de casa soy otro.
una cero nueve de la mañana · miércoles trabajo · ocho de octubre · dos mil quince
hoy, sencillamente, trabajé. poco más hice. escuché música, discutí un poco, salí a comprar la cena. trabajé al fin. qué más quieres que cuente.
una y dieciséis de la mañana · lunes esquina · cinco de octubre · dos mil quince
escuché mi voz. no me hablaba a mí, ni aún teniendo ese propósito. es con la pretensión de recordarme cosas, y no me refiero a recordarme, si no a no olvidar, anotar de alguna manera. aún así, lo compartía, y el motivo de ser de esa voz dejaba de ser el inicialmente pensado.
todo esto lo hacía, observando a personas sanas, haciendo ejercicio, en grupo, o leyendo felices al sol, quizá entre un descanso de clases. la luz del sol acentuaba aún una niebla, es por ello que había elegido ese lugar. todo se fue llenando de humo, muy diferente al de las nubes.
más de doscientos pasos para mí.
doce veintisiete de la noche · domingo crudo · cuatro de octubre · dos mil quince
y me subía
y me subía
por dentro
silbaba dentro de mí
con esa especie de temblor
agudo
que hacen algunos sonidos
y me subía
por dentro
silbaba dentro de mí
con esa especie de temblor
agudo
que hacen algunos sonidos
acabo de componer esto, se me vino a la cabeza esta sensación, qué está subiendo, qué silba, qué tipo de timbre se necesita para llamar así. y no me siento responder.
hoy estuve solo, paseando. y mirando. miré todo.
tres cincuenta y ocho de la mañana · viernes sofá · dos de octubre · dos mil quince
es de esos días totalmente anulados. si de algo sirven, es para asentar y sentir el reposo de lo dicho el día anterior. por mis ojos se suceden músicas y vídeos referidos a ellas, complejísimos modos de expresión, que me hacen cuestionarme el verdadero sentido y dirección de esto, este blog, este sinvivir, sinsabor, esta civilización. no me sentí identificado aún. pero salen ideas, de estar sentado. simplemente posarte, y sentir que no le pides esfuerzo al cuerpo, es separar tanto ambas partes. en cuerpo y alma, de madera.
ahora mismo estoy retransmitiendo desde finlandia. gmt+2. flipamos, no hay nada de frío. me quiere enseñar la casa.
tres y doce de la mañana · jueves pasión · uno de octubre · dos mil quince
lap me propuso hacer música. conseguí desprenderme del gusto y comenzar a recomenzar, analizar cada visionado. así se me ocurrieron varias cosas, algunas referidas a la percepción, pero otras más bien en cómo vivirla, ser verídico e interesante. gracias por referenciarme de esta manera, qué suerte no estar solo. no me ha dicho su opinión, su dirección. los tiendo a juntar.
una y dieciséis de la mañana · miércoles agitado · treinta de septiembre · dos mil quince
tan lejos estamos, en el mismo país incluso. no puedo ayudarle, al menos no como a mí me gustaría. es algo en lo que se ha metido él sólo, y yo siento que solo puedo decirle lo que yo haría. estamos tan lejos, más que nunca, como si hubiera un velo nublado entre ambos. esto no fue siempre así, pero ahora al buscar apoyo y encontrar escalones, sale el llanto. no sé si le había oído llorar antes. quiero buscarle entre esta niebla, dejar de mirar sólo mis manos, tendérselas a él, escapar como siempre. así es como se puede llegar a destrozar una vida. está en los muelles, sonaba una brisa, está estirado.
qué hago yo ahora, no es tontería.
a todo esto, imprimí el verano, y creo que me quedó precioso. mido uno setenta y tres. volvió a sonar la alarma. ahora suena siempre.
doce cero cero de la noche · lunes de compensación · veintiocho de septiembre · dos mil quince
llevamos aún pocos días de otoño, pero el frío comienza a calar, a empapar cada hueso y a no dejarnos refugio alguno. si bien antes el gran problema era el agua, que, encontrando cauce o no, goteaba incesantemente sobre nuestras cabezas, es ahora el puro hielo aéreo. pudiera parecer que el frío es más inocente que el agua, pero ponte a pensar en ese frío que se te queda después del contacto con un líquido. sopla una suave brisa incesante. primero lo detecta la piel, el vello del cuerpo, y poco a poco va adentrándose hasta el fondo del cerebro. la solución, sin duda, es pedir refuerzos transatlánticos, una caja cúbica con un abrigo vaquero dentro. el calor viene de allá, sin que con ello quiera decir que acá sea hostil, no, sólo frío hostil.
pienso constantemente. anoche se activó de nuevo, en tal estado, la búsqueda de la firme determinación de un futuro estable. lo mínimo que se me pasó por la cabeza fue decirle a lap que qué mazo ganas. pero hay mucho miedo, al contexto, a las situaciones, a la incapacidad de fluidez de este pensamiento. asaltan dudas del sentido de este diario, de si alguna vez hago algo útil para mí o para cualquiera, sólo tengo esta galleta para ti. algo firme por favor. estoy aquí por eso.
ventitrés treinta y seis de la noche · domingo de repaso · veintisiete de septiembre · dos mil quince
expongo mi miseria tras haber pernoctado por tantas noches. dejé cruceros atrás, inmensos buques zarpantes que atravesarían el atlántico en cuestión de segundos, por aquella magia venida de tan al oriente. todo embotellamiento de sensaciones e ideas viene causado por el fluir, constante e intermitente a la vez, de la energía material y espiritual de la existencia. este incesante devenir nos equipara con allendes genios creadores. se me puso de moda el ridículo, entendí la cultura categórica y organizada en estaciones, y al fin y al cabo conseguí hilar sin propósito ni aguja porque haga frío.
veinrtisabado
prometi no quedarne callado, pero es que estan gratificante el dejarse llevar, no opinar al respecto, como lecccion tenemos lo de anoche, loco, te pasaste, tan lejos estabas sisns sentir ninguna melodía las queu ayer tambien sentias al conver a conprenderlo siento como que canto qy no tengo por que hacer de eso un cristo, tengo impuslosen el pero , les muscualrutas, quiero dormir, ay que miedo va a adar esto mañana impulsods
seis cincuenta y tres de la mañana · mentalmente jueves · veinticuatro de septiembre · dos mil quince
es justo el mejor momento para hablar, escribir, ahora que realmente la mente fluye rapido y sobran las palabras para dar gane a la competencia, por las imagenes, por las sensaciones. llegaron extraños u nos ofrecieron de todo, no acepaamos, ya estbamos felices con lo nuestro. es taxista.
doce treinta y tres de la noche · mentalmente miércoles · veintitrés de septiembre · dos mil quince
pasaron dos meses volando, y no conseguíamos agarrarlo, ya fuera al vuelo, repentinamente, o fijándonos con atención en el tiempo que pasaba. no hay ceremonias, a ninguno le inquieta esta velocidad. escribía aburrido lo poco que sucede algunas jornadas, el esfuerzo que echamos en tratar de ganar el día, hacerlo llorar y soltar unas palabras bonitas, un abrazo. exprimirme, lograr algo mejor, ya por lo menos va a imprimirse y convertirse en algo físico y tangible, y eso me reconforta. hasta cierto punto, porque cuando miro hacia adelante, el tiempo se me echa encima, no sé dónde acaba ni si acaba.
escribo que no escribo más que de mí y del momento presente. lo primero parece obvio, por aquello del contaminar la escena, la escena pura y limpia. pero el momento presente, es que qué es eso. sería igual capaz de levantar recuerdos. no es eso a lo que me refiero. es que estoy leyendo a rulfo y parece que consigue plasmar del todo ese ambiente, ese paso infalible del tiempo. con el vaso de agua llegamos a algo así, me parece a mí, pero hay tanto que limpiar que no nos alcanza con dieciséis tomos. elaboraré un discurso sincero relativo a este tema y traeré mañana un ejercicio aplicado, pero ahora, toca dormir, que toca despertar, disimularme despierto más bien.
veintitrés cincuenta y cinco de la noche · martes idea · veintidós de septiembre · dos mil quince
decíamos que un mapa es para encontrarse, no para descubrir, no para perderse, es para saber en todo momento dónde estamos. nos lanzamos mutua y tímidamente estos esbozos geográficos y parece que van dando resultado. respondiste, estás aquí, y aunque no se pueda decir otra vez, estás aquí de nuevo todavía.
por el otro bando, el de la soledad, he decidido reunir esto en estaciones, ir con el clima, recibir el viento. no sé si sabéis que hoy se me acaba el verano, y que ello genera frío y ya la primera entrega, puedo ir dándole más vueltas. aún queda tanto, que necesito obligarme a hacer ese algo que me defina, viendo que tanto hace antonio y me agobia y lo envidio, y le digo que yo sólo cocino y friego, y aunque es lo que siento que hago, necesito no pensar eso, hacer algo más, que va a ser este ego transformado.
el otoño apenas se viene notando aún, más que en algo de brisa, un ligero color gris de jersey, un cuidado en la ternura de buscar calor.
veintitrés treinta y siete de la noche · lunes · veintiuno de septiembre · dos mil quince
estuve parado todo el día. sin motivación alguna para hacer nada, con todas las ganas por delante de hacer algo. incluso te escribí, y me gustó, y ahora te espero. es una espera conocida a la que no me he enfrentado aún nunca. vi películas, cortos, recabé información, sentí mi imaginación decrecer, contaminarse ahora, de tanto aire libre de estos nueve días. imágenes. empiezo a no entender la diferencia, panahi me ha roto los esquemas: hacen falta muchas palabras para describir y entender una situación, y sin embargo de un vistazo conseguimos comprenderla por completo. vaya una futilidad de mundo. en qué quiero participar. te he descrito la cocina, pero y si te la hubiera mostrado. me contestarás, no me contestarás, no se hablará del tema. eres tan bonita.
veintitrés cincuentaycinco de la noche · llegó el domingo · veinte de septiembre · dos mil quince
volvimos del viaje, y todo estaba cambiado. aún se podía percibir el polvo en el aire, así cuando recibe la luz del sol, y uno entiende que se acaba de mover algo de sitio. huele a nuevo, además, cuando has leído ya un libro pero es otra edición, nueva pero de los ochenta, algo así como una segunda edición antigua, no del todo entera pero conserva ese polvo en el aire.
nunca llegué a ver cosas, al menos por fuera. estaba todo luminoso e intacto, pero yo era capaz de verlo todo con más ojos, que desde luego no eran mejores ojos. saltaban algunas ideas, poco a poco, lentas, atrapar las nubes, la imaginación mutante de las nubes, atraparlo con el trazo consciente. un hombre que no llega a sentir, un extranjero que tan sólo siente que esto no es para él, una talla que no le encaja, e incapacitado ya para encajar él. se siente bien.
ojalá pudiera detener el tiempo y estar para siempre.
el ritual. entré dentro de mí mismo y me dejé. seguía muy pendiente de ellos, ellos, que no estaban ahí donde yo miraba, pero ahí estaban ellos desde donde juzgaban. miré sin ver y en un acto conscientemente violento separé la matriz, la madre, el padre, las interrogaciones que encajaban en la madera sin saberlo, y aún habiendo sido advertido de que la naturaleza no puede comunicarse con nosotros por medio de símbolos artificiales, aún en ese estado, rechacé tal creencia y tendí a elaborar el decoro para liberarme. elegí para él un pilar robusto, al aire, amparado a su lado, observando a la derecha, erguido. pasé después por ella, de la base primigenia, y elegí un lado a la izquierda (mi derecha), una llanura más difícilmente encontrable pero también más a la vista. enterré dulce y torpemente su representación y volví a la base. si miraba hacia atrás, sentía sus caminos unidos, y era la base, donde me encontraba, la partida de sus finales. miraba más atrás y encontraba el tótem, el lugar confortable del principio. elegí volver atrás, estar unidos, hacia adelante había poco atractivo.
asa nisi masa
cerca de las doce de la mañana · sábado san josé pacífico · diecinueve de septiembre · dos mil quince
purificación espiritual: hicimos temazcal. y el cuerpo, aplastado siempre. los músculos tan relajados que tiran unos de otros. tengo las grandes vistas delante, son cerca de las doce am y el viaje dura doce horas, y hay que apurarse. nos han dado largas, nos vamos al pueblo a encontrarlo nosotros.
preparados, nos vamos en media hora. en té. nos sentimos obsesivamente impuros, no somos capaces de entender del todo lo que nos dicen, lo que nos quieren imponer. cada uno se prepara como cree que puede, uno quiere dibujar, otro con la naturaleza yo pienso en escribir, y alguno con la imagen musical. nos llega el oxígeno del todo, fuman para espantarlo, o quizá para poder apreciarlo después. hay música además. con lo bien que no-suena-esto, insisto, pero no hay manera. en vez del bucle mágico de la naturaleza preferimos el bucle didáctico artificial.
anoche vi formas en el techo. se ha liberado un tanto. hay imágenes en cualquier lado. estás desatado, me dice. qué pensarán de mí allá a lo lejos, abajo, al otro lado, del mar, del pensamiento de ahora.
resumiendo: vinimos de mazunte en un camión colectivo, con un conductor experto que en cada curva no dudaba y recortaba como podía. ni me mareé.
sobre las seis de la tarde · viernes mazunte · dieciocho de septiembre · dos mil quince
así no nos apetece hacer nada. agarro el bolígrafo. pienso en la proposición de los panales en los árboles, quiere que los habitemos, el argentino me mira más adelante. me mira y tengo que agarrar el bolígrafo y contarlo, hacer algo.
mis músculos pesan, no sé si diría que están relajados, incluso a veces al contrario, espasmitos que no son me contraen los nervios. en estas condiciones, dicen, no debería poder escribir. pesan y no puedo apenas levantarlos. es ahora, antes no lo diría. creo que no lo hago bien (¿todo?).
primer síntoma de mareo. cierro los ojos, miro lejos, la espuma. desaparecen. no les sigo. una batería es de varios. hay silencio por momentos. hay ¡chk! de músculos. hay más luz. pero todo se para y es cuando miro cuando me doy cuenta.
no sé qué iba a contar. era igual trascendental. la música suena mucho, pero si no me doy cuenta más. prefiero no atender a esto, no sea que lo esté contaminando. qué hacer. bajar a la playa. son imágenes.
doce veintiocho de la noche · mentalmente jueves · diez de septiembre · dos mil quince
mañana nos vamos de viaje, a oaxaca. tenemos que estar a las siete de la mañana en el estadio olímpico de la universidad. casi no puedo con este ritmo. me impide pensar con claridad, estar conmigo mismo, siempre distracciones. qué quiero pensar.
hoy hemos hablado un poco menos que un poco. estás ya en roma, y me cuesta entenderlo. no te veo ya en madrid, ese entorno conocido y confortable en el que me he desarrollado contigo cierto tiempo. ahora mismo estás en roma, una ciudad extraña, comienzas a, como me decías a mí, a ser extraña. cambian los tiempos y tonos de respuesta. hay sentimiento de culpabilidad por todos lados.
mañana nos vamos de viaje, venías de tívoli. pero qué serie de prioridades son las que tengo, qué es lo que quiero conseguir.
también es verdad que el todo que aquí muestro puede ir marcado por el sentimiento de no haber salido hoy de casa, morirme de sueño, estar en pijama, cierto frío por dentro. incluso me cuesta esto, pero quiero forzarme a expresar. ya está, supongo.
once cincuenta y ocho de la noche · hablando del domingo · seis de septiembre · dos mil quince
Así le contaba helenita ayer, que me envió antesdeayer un mail. Transcribo directamente en pos de registrar mi registro, ordenado:
Hola Helenita.
Me pasa, nos pasa a los tres, que aún nos tomamos esto como un pequeño viaje. En cualquier momento va a haber que hacer la maleta y volvernos a casa. Es un finde muy largo. Esto se refleja en no ordenar nuestra ropa, en sólo hacer la compra para un par de días, en hacer muchas visitas a muchas cosas. Se nos acaba ya, no tenemos tiempo de echar de menos, ¡pero si os vamos a ver el próximo día! No hay tiempo. No sabemos estar en un lugar tan seguido.
Eso por un lado. Por otro, hace una semana nos mudamos a una casita en el barrio pijo al norte (curiosamente y por cuestiones del azar, el barrio se llama La Roma). Resulta que nos han mediotimado, se trataba de una casa en ruinas, esa que una vez mandé una foto de nosotros tres impermeabilizando la cubierta. En ruinas, pero iba a estar terminada para cuando entráramos. Y no. Casi no hay vidrios, somos seis en el piso y sólo hay un baño, dos fuegos, y lo peor de todo, goteras. Estamos turnándonos para dormir en dos camas, porque a lap le cae el agua directamente en la suya. A todo esto, lo llevamos bien, siempre con ese buen humor, que creo que nos caracteriza, que consiste en reirnos de todo lo malo. Cuando el salón está muy sucio, es porque están las paredes demasiado arregladas, por lo que si las destrozamos un poco, no se notará la suciedad. Y así.
Acá la gente es muy amable, muy hospitalaria, muy alegre. Nos han invitado a varias fiestas, en casas de sus tíos, padres, abuelos, primos. Nos invitan a comer, orgullosos, de la comida que han hecho para ellos. Tortas, tacos, burritos, tamales, oaxaqueños, tunas, tlayoyos, quesadillas, mezcal, tequila. De todo. Se lo comentamos, y ellos dicen esperar de nosotros lo mismo en nuestro país. Acoger, transmitir nuestra cultura, hacer pasar un buen rato agradable en la casa ajena. Estamos abriendo mucho los ojos. Occidente, a decir verdad, actualmente nos aburre mucho. Lo más divertido de occidente, lo traen los gringos. Europa por otro lado recuerda al olor seco y húmedo a la vez de una iglesia de piedra. Las de aquí están pintadas de colores, y elaboran altares de imágenes religiosas, flores, telas. En cualquier esquina puedes encontrarte un altarcillo a la virgen, cuida de mi profesión, el ser taxista es muy peligroso.
No te sin embargo que los recuerdos de España son solo aburridos. Aunque nos da muchísima pereza ahora mismo la etsam, el otro día vimos una pelo que salía la Plaza de España y todos nos echamos a llorar. No valoramos lo que tenemos, estamos aquí, no para conocer el país, si no para reconocer lo nuestro. Sentir esto como nuestro.
Me gusta este medio de comunicación. Te estoy soltando un rollo eterno que nunca había expresado creo que tan bien. Tengo los ojos húmedos, este mensaje va para alguien, y muy importante para mí. Es muy difícil ordenar los pensamientos, con eso de la maleta, y la compra al día y que hay que cocinar y limpiar el salón y tender, y al ponerme a escribir así siento como que algo registro y algo transmito. Siento utilizarte así.
Siento también oír aquello de Fer, que haya vuelto a hacer de las tuyas y que ya no puedas más. Te vi tan feliz con él la última vez que nos vimos, allá caminando buscando un banco. Yo desde aquí, lo de las relaciones lo veo muy fácil. Ahora que no estoy cerca de Rocío, veo lo fácil que es el tratar de hacerlo bien. No sé si me explico. Reviso y reviso los errores que hice con ella y que ahora ya no puedo cambiar por muchas barreras físicas y psicológicas que tengo y tenemos delante. No hemos roto del todo. Hablamos todos los días, de una manera extraña un poco fría que aún tiene algo de eh no te olvides de que estoy ahí. Pero ya ver lo difícil que es comunicarse realmente. Ella se va hoy a Roma. Estoy ahora mismo despidiéndome de ella, que toma el avión dentro de una hora o así. El viernes me pasó nuestras fotos de Ibiza. Hemos estado el finde fuera, en un pueblo mágico al norte llamado Cuetzalan (por eso no te respondí hasta ahora), y el viernes me mandó esas fotos y no las he visto aún y me estoy preparando mentalmente hablando contigo. Ya te contaré.
Cuéntame tú Hele. Cuéntame de Horacio y la Maga. Cuéntame cuando leas la carta de Rocamadour. Cuéntame cómo llevas Proyectos ahora que eres la puta ama y que te lo mereces. Me gusta muchísimo este medio. Siento en serio que te he utilizado. Pero pienso también que siempre lo hacemos. Al menos tú y yo. De repente nos da el golpe de morriña de apoyar la cabeza en un hombro y nos buscamos. Pues aquí estoy hele.
Buenas noches.
Y muy buena suerte.
Besitos de Lucas.
Creo que soy aquí más explícito que en el blog éste. Como más directo, como más dirigiéndome hacia algo. Lo suelto todo.
doce treinta y dos de la noche · anímicamente miércoles · dos de septiembre · dos mil quince
al terminar la película le pedimos al proyeccionista si podía repetir el final, que no nos habíamos fijado del todo en él. me tomé el día libre e hice de todo lo culto por ver. abarqué cuantas disciplinas pude, y pude bien darme cuenta de que en esta ciudad, no hay que moverse mucho para toparse con ella. repetí porque pude.
veintitrés y cincuenta de la noche · martes · uno de septiembre · dos mil quince
de la anterior casa recuerdo muy bien cómo sonaba el reloj de la cocina. estaba en lo alto, presidiendo la mesa pegada a la pared donde éste estaba situado. se veía en el centro un faro, con un mar al fondo y una gaviota con el torso ligeramente girado, mirando al horizonte. el reloj sonaba cada hora, pero, en lugar de hacerlo a en punto, nos indicaba la hora a y veinte. todas las y veinte en esa cocina, escuchábamos al barquito llegando y acercándose al faro. escuchábamos su bocina, su roce contra el agua, el mar a lo lejos, y entre medias, unos berridos de gaviota. siempre pensé en grabar uno, y pasártelo, pero ya sabes, aunque hay veinticuatro ocasiones al día, nunca pensé que debiera estar tan atento a hacerlo, y prever que estuviera solo y en silencio para que pudieras escucharlo. el último día, la última madrugada, lo escuché desde la habitación, sintiendo como el barquito llegaba al destino al fin y ya no lo haría más nunca. bien es verdad que en aquél entonces -mañana miércoles hace ya una semana- estaba yo bien preocupado en otras cosas, como la mudanza, la entrega del día siguiente, el que no me quedara desayuno. en todo esto pensaba mientras graznaban las gaviotas allá abajo. ahora, cómo quisiera que lo escuchases.
doce y cuarenta de la mañana · miércoles cualquiera · diecinueve de agosto · dos mil quince
la idea fundamental del acabar de una vez por todas con la corrupción:
todos quieren más, más, pero no es una cosa casual, si no causal, generada por la codicia del vecino, cuando se cotorrea en el ascensor, y nos preguntamos qué tal los niños, la familia, está ya la abuela bien, y contestamos aparentemente y sin mirarle a los ojos, que quisieran estar cerrados, le contestamos a esa persona que nos pregunta saliendo de su nuevo la fulana del fin de semana, lo aborrecemos, pero queremos ser como él, cada día en su sofá, cada noche en una cama, él bien puede mirarnos a la nuca que nosotros orientamos al cielo, a techo de ese ascensor en el que estamos atrapados, y aún, va por el quinto piso, intentas no mirarle a los ojos porque sabes que ahí es donde se consume una de sus fulanas, y en lugar de mirarle por encima, sabiéndolo, miras hacia abajo, al suelo de goma suspendido a varios metros de altura, dando casi las gracias de poder elevarte en su compañía, pero consciente de que es aquél allá al fondo el lugar donde perteneces, pero te afanas por aquello que llaman seguir adelante, y subes, con él, y consigues levantar la cabeza, elevar la voz, y contárselo, responderle con respeto, la familia va bien, y aunque los niños siguen siendo pequeños y me dan la mano al cruzar, poco a poco van entendiendo que no hay diferencia alguna entre hacerlo o no, y tan sólo miran a los lados, mientras siento que ellos lo harán mejor que yo, y no debería ser así, apenas he hecho nada en la vida, y ya están ellos superándome, ay, pero la abuela, pobre, la superé hace tanto ya, me siento tan bien de sentirme así, le duele a ella, pero yo, pero yo, y poco a poco vamos bajando la voz, dándonos cuenta de la manera en que nos mira, sencillamente, ya ni nos mira, está recibiendo un mensaje o simplemente una oferta de trabajo, la cual cancela por sus ideas de un mundo equitativo y en armonía.
metro de madrid · martes de despedidas · veintiuno de julio · dos mil quince
me voy en dos días. hoy es martes de despedidas. una tras otra sin planteármelo casi, incluso llegan a chocarse y a mí no me mojan. es mucho mejor así, ya que, de la otra manera, cuestionándomelo, me duele. me reía de mi madre: se empeña en los preparativos de mi viaje para no pensar realmente en que ese viaje es para irme realmente. pero yo estoy en una situación parecida, escribiendo en color rojo. me junto siempre de un público agradable que creen ambiente y música con la que pueda ser capaz de abstraerme y no pensar en lo que es esto de desaparecer durante tanto tiempo. pero ya se han encargado los americanos de hacer llegar internet a todas las esquinas y que sean las distancias más cortas y que no nos duela tanto. pero lo que yo quiero es aparecer aquí dentro, no hacerme ver para poder por fin dejarme ver.
si te esfuerzas puedes.
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