pasaron dos meses volando, y no conseguíamos agarrarlo, ya fuera al vuelo, repentinamente, o fijándonos con atención en el tiempo que pasaba. no hay ceremonias, a ninguno le inquieta esta velocidad. escribía aburrido lo poco que sucede algunas jornadas, el esfuerzo que echamos en tratar de ganar el día, hacerlo llorar y soltar unas palabras bonitas, un abrazo. exprimirme, lograr algo mejor, ya por lo menos va a imprimirse y convertirse en algo físico y tangible, y eso me reconforta. hasta cierto punto, porque cuando miro hacia adelante, el tiempo se me echa encima, no sé dónde acaba ni si acaba.
escribo que no escribo más que de mí y del momento presente. lo primero parece obvio, por aquello del contaminar la escena, la escena pura y limpia. pero el momento presente, es que qué es eso. sería igual capaz de levantar recuerdos. no es eso a lo que me refiero. es que estoy leyendo a rulfo y parece que consigue plasmar del todo ese ambiente, ese paso infalible del tiempo. con el vaso de agua llegamos a algo así, me parece a mí, pero hay tanto que limpiar que no nos alcanza con dieciséis tomos. elaboraré un discurso sincero relativo a este tema y traeré mañana un ejercicio aplicado, pero ahora, toca dormir, que toca despertar, disimularme despierto más bien.