doce cincuenta y cuatro · sábado de vuelta · treinta y uno de octubre · dos mil quince

después del silencio, volvía de viaje, volvía de morelia. pero, como ya habíamos advertido, no había llegado, si no que estaba de paso, o al menos así es como decía que se sentía, después de tantos minutos sentado, mirando, aprendiendo de una pantalla, del pensamiento eterno y curioso de otras personas él agarraba cuanto le agradaba y lo adecuaba a su vivir. el mientras tanto casi le daba igual, planeaba el registro obsesivo de cuanto aconteciera, pero esta vez ya con un sentido práctico de su utilización. cada vez más y más seguro se enfrentaba al fin a esas películas como quien sabe que se está encarando con un compañero de pupitre, pero de una manera cariñosa y amena. las ganas apenas le dejaban escribir en paz, y se había de obligar a ordenar sus ideas, obligarse también a comer, dormir, no dejar de lado las necesidades básicas, los amigos, las personas. cada quien hace lo que puede.