dos y trece de la mañana · miércoles · veintiuno de octubre · dos mil quince
hoy sonaron muchísimo las trompetas, no se a qué esta prisa por esperar, a que no vendrás más nunca. suenan demasiado, hasta doler, pero a la vez es jolgorio, por las calles, que se burla de la muerte, que poco más y le duele, cada uno a su curiosidad, cuidarla, cultivarla, sembrarla de dicas y fortunas, que son humo, ceniza y rastro en el abrigo, el fumar qué pequeño dolor, surte el placer, delata la fama. siglos atrás, cada segundo es un cielo, eternizante, mareo en un barco que parte de la costa para llegar al fondo, abajo, que es donde finalmente podemos descrubrir, en forma de pez, quizá anfibio, por eso de que cada uno mide su curiosidad, no sin fe, no sin dolor, pero siempre al tesoro.