domingo catorce de febrero dos mil dieciséis

en estos días tranquilos me despierta el sol, bajo por el desayuno, paseo en bici. hay una tranquilidad en la espera de una rutina. es una tranquilidad, por otro lado, inquietante, en la que uno se ve de alguna manera inmerso en una red de la que se teme no poder volver a escapar hasta que llegue el verano, nos devuelva al otro lado del mar, nos sacuda todos estos pensamientos. en cierta manera queremos que llegue de nuevo esa pequeña sensación de seguridad, asemejamos el hogar y asimilamos nuestro lugar, pero no es del todo así. no hay profetas a la vuelta.