me obsesiono cada vez con la sensación de encontrar el tono. busco cada arpegio, en secuencias lógicas de orden, de soltar la rigidez, de quitarle el miedo al desorden; y no me encuentro.
escarbo en ese desvivir, cada día, tratando de replantear el diminuto caos como eje por el que dirigir los pasos; y no me encuentro.
poco a poco ya, comienzo a renunciar, dejarlo todo como está, cómo qué y por qué en un mismo sintagma organizador. regojo los pedazos de la fiesta de anoche que hay por el suelo, miro y recuerdo y me encuentro. al menos me recuerdo.