martes quince de diciembre de dos mil quince
anoche, deprisa, agarramos el camión para llegar a matehuala, desde donde pensábamos llegar así a real de catorce, para acercarnos poco a poco al desierto. volvemos a ser tres, era algo que casi había olvidado, y aunque aún el desierto no deja de serlo, lentamente se van acercando las orillas. en mi mente cada vez sólo veo más y más imágenes, que en ese preciso instante en el que aparecen me hacen pensar y hacer decidir que es a eso a lo que quiero dedicarme: a captar la realidad tal cual es, a estudiar el cambio de plano, a deformar la realidad porque es así como la vemos, de tantos colores; a aprender del cine como una forma de enfrentarse a esta vida, tan llena de maneras y venturas.