veinticinco de noviembre dos mil quince

al volver a ver toda su trayectoria, al menos ahora tenía una trayectoria, recordaba sus procesos, la llegada de tal manera, porque estaba imbuido, era él, siempre él, el gran poeta, el que se mueve entre las sombras, el que dirige la función, el que baila, baila sin parar, pero nunca acaba, nunca abre la boca, sólo se expresa bailando, imaginándose escenas, y ciudades, y fuego, y elementos.
a eso me recuerda, ese intento al menos, que queremos contar.